, ,

El Archivo Municipal Consaburense guarda una tercera edición de 1787 de «El Quijote»


#23Abril2026 #FelizDiadelLibro

Con motivo del Día del Libro 2026, fijado en el calendario en la fecha de la muerte de Miguel de Cervantes,  desde el Archivo Municipal de Consuegra se publica la siguiente reseña sobre El Quijote. 


Entre el fondo municipal del Archivo, se guarda una tercera edición de El Quijote de Cervantes, de 1787. Colección procedente de la biblioteca del antiguo convento de Padres Franciscanos de Consuegra, que tras transferencia realizada el 12 de junio de 2016 pasó a formar parte del fondo municipal. Según atestigua el sello de caucho sobreimpresionado de la primera página, fue adquirida por dicho convento gracias a la donación realizada por don Ramón Vázquez Ciaurriz, médico cirujano que fue de esta villa a medidos del siglo XX.

La colección se compone de seis tomos, y excepto el primero que solo nos ha llegado una copia facsímil, el resto son los originales,  en un óptimo estado de conservación. El formato es el llamado octavo (8º) o lo que comúnmente denominamos, de bolsillo.

Las ediciones de 1782 y 1787. 

Para satisfacer la demanda del público imprimió la Real Academia Española dos ediciones (1782) y (1787) ambas en 8º (17 x 11 cm), por lo que fueron llamadas por los propios académicos los “Quijotes chicos”. La edición de 1782 toma los preliminares y el texto del Quijote grande, se hace una tirada de cuatro mil ejemplares para que el público pudiese tenerla por un precio moderado. Dirigió la impresión Pedro de Silva, el impresor fue Ibarra, que sacó la obra en cuatro volúmenes.

Aunque se había proyectado sin estampas, consideraron los académicos que el público estaba acostumbrado ya a ver siempre la historia de don Quijote con láminas, resolvieron ponérselas, y que fuesen bien trabajadas.

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

La edición de 1787, es conforme en texto e imágenes a la de 1782, así como el mismo impresor, con la novedad que en la portada manifiesta ser la tercera de la Academia y reproduce su escudo con el lema “Limpia, fija y da esplendor”, que falta en las anteriores.

Pueden consultar y descargar copia escaneada del primer tomo que contiene un interesante prólogo, vida del autor, análisis de la obra y los primeros capítulos…    El Quijote. Tomo I-prólogo-análisis-capítulos I-VIII. Tercera Edición de 1787 

 

El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de La Mancha. Tercera edición corregida por la Real Academia Española. Con superior permiso / En la Imprenta de la Academia / Por la Viuda de Ibarra, Hijos y Compañía. Madrid, MDCCLXXXVII (1787). 6 volúmenes. 8vo menor (17 x 11 cm). Ilustrado con 24 grabados fuera de texto (por Fernando Selma (7), Francisco Muntaner (3) y Simón Brieva (3), J. Joaquín Fabregat (4), Juan Moreno Tejada (2), J.F. Palomino, Joaquín Ballester (3), y M.S. Carmona, según dibujos de Isidro y Antonio Carnicero) y un mapa desplegable. Viñeta en las portadas (“limpia fixa ya da esplendor). Vol.I: Portada + (vi) Prólogo + (ccclxviii) Retrato en frontis (grabado por Fernando Selma según dibujo de Antonio Carnicero) + Vida de Cervantes + Análisis del Quijote + Plan cronológico del Quijote + Pruebas y documentos que justifican la vida de Cervantes + Sonetos + Tabla de los capítulos + 89 p. y 4 grabados (incluido frontis). Vol.II: Portada + Tabla de los capítulos (3 p.) + 326 p. y 4 grabados. Vol.III: idem + 469 p. y 4 grabados. Vol.IV: (xx) Portada / Aprobación / Privilegio / Dedicatoria / Prólogo / Tabla de los capítulos + 300 p. y 5 grabados. Vol.V: Portada + Tabla de los capítulos (3 p.) + 330 p. y 4 grabados. Vol.VI: idem + 305 p. y 3 grabados y un mapa (“parages por donde anduvo Don Quixote). Texto y grabados en excelente estado. Hojas de guarda en papel de aguas y cortes a juego. Encuadernación de época en piel jaspeada, tapas enmarcadas con adornos dorados; doble tejuelo en lomo, con títulos y ornamentación en dorado.

Don Quijote de la Mancha (pag. 6 – ediciones 1782 y 1787)

Para enjugar los costos de su gran Quijote, la Real Academia Española lo reimprimió en seguida, y con gran éxito, según la moda de multiplicarlo en volúmenes cada vez más chicos: primero (1782), cuatro, todavía según el dechado de El Haya, y luego (1787) seis, en ambos casos con el viejo contenido, aunque con nuevas láminas. En 1796 se acordó acometer otra reimpresión, pero el proyecto fue suspendido ante el temor de competir con las varias anunciadas para 1797, y solo después de las Cortes de Cádiz se reemprendió de manera eficaz, gracias a Martín Fernández de Navarrete y Diego Clemencín. Los dos máximos cervantistas del momento no podían contentarse con repetir el texto de 1780: si las propuestas de Pellicer y el ejemplo de Bowle habían cambiado profundamente las ideas sobre la manera de publicar el Quijote, en los últimos tiempos se había producido asimismo un descubrimiento importante en tal sentido.

Los cuatro volúmenes en octavo que sacaron en 1819 (el quinto, suelto, era la valiosa Vida de Cervantes por Navarrete) prometían, pues, más novedades que la jota que la Academia admitía ya en el nombre del protagonista o las nótulas esporádicas que había insertado acá y allá: la edición del Ingenioso hidalgo decía ceñirse sustancialmente a la tercera de Robles, «considerándola como la postrera voluntad de su autor», y, muy en particular, haberse «confrontado cuidadosamente … no solo con la primera, sino también con la segunda que se hizo en Madrid el mismo año de 1605…, edición que por esta igualdad de circunstancias no se había discernido bien de la otra hasta ahora que se han tenido entrambas a la vista».

Las cosas no eran así, con todo. Cierto, la base del Ingenioso hidalgo era el texto de 1608, y en sección aparte se consignaban variantes de 1604 y 1605, prueba de que la verdadera princeps había por fin vuelto a la luz. Pero los académicos a quienes se debía la honra del hallazgo sufrieron la increíble ofuscación de tomar por primera la segunda edición, pese a la presencia del privilegio para Portugal y de las demás discrepancias que nadie podía interpretar sino como aditamentos. La clave de una equivocación tan descomunal está en que Navarrete y Clemencín no colacionaron una con otra y por completo las impresiones de 1604 y 1605, antes se limitaron a compulsar en ellas las divergencias entre 1605 y 1608 registradas en el magno Quijote académico y a hacer alguna cala en otras páginas: tan ocasional y distraída, no obstante, que ni siquiera se percata de las dos extensas añadiduras (en I, 23 y 30) sobre la pérdida y recuperación del asno de Sancho… De la muestra se colegirá la confianza que cabe prestar a la cuarta edición de la Academia: en 1819, cuando se habían reunido todos los mimbres, el cesto acabó saliendo peor que en 1780.

Navarrete y Clemencín eran hombres de inmenso saber, pero fuera porque el uno descansó en el otro, y el otro o los dos en un tercero, fuera por lo que fuese, la cosa es que nadie se ocupó en serio en el cotejo. Es creencia habitual que la edición de 1819 se debe mayormente a don Martín, que desde luego fue quien más bregó con tipógrafos y grabadores; pero es lícito sospechar que, afanado en concluir la Vida de Cervantes, dejó en manos de Clemencín, en esos años azacaneadísimo, una parte de su responsabilidad primordial. (De don Diego es sin duda el Prólogo, frente al cual la Vida se diría más prudente: «Nosotros hemos logrado examinar y cotejar ejemplares de ambas ediciones, y no solo son distintas, sino que la Academia ha logrado aprovechar algunas variantes de la segunda».) «Casa con dos puertas…». En cualquier caso, ahí terminaría el posible trato de Clemencín con las primitivas impresiones del Quijote, porque nada que no estuviera en las más recientes parecen haber aportado aquellas al gran comentario del erudito murciano (seis volúmenes, los dos últimos póstumos y completados por sus hijos, Madrid, E. Aguado, 1833-1839).

El trabajo de Clemencín es efectivamente eso, un comentario, antes que una edición o un repertorio de anotaciones: primero, un «examen crítico», una «anatomía», que va realzando «los rasgos admirables y las imperfecciones, el artificio de la fábula y las negligencias del autor, las bellezas y los defectos que suele ofrecer mezclados» el Quijote; y solo en segundo plano entran «las observaciones a que den lugar sus indicaciones, sus noticias históricas, sus alusiones a las crónicas de los caballeros andantes». Hoy continuamos aprendiendo de esas «observaciones», en conjunto nunca superadas, en particular por cuanto concierne a libros de caballerías, y nos disgusta quizá el «examen crítico», o tal vez le imputamos que no cometa los mismos anacronismos que nosotros y vea a Cervantes (desde más cerca) como un «socarrón» distraído y no como un artista omnisciente y omniconsciente; y no reparamos en que a don Diego le importaba más el «examen» que las «observaciones», y que el reproche cariñoso que dirigía a Bowle era no haber hecho «jamás … ninguna observación crítica ni … juzgar del mérito ni demérito de la fábula», confinándose en una «erudición laboriosa, pero seca y descarnada».

Primero, comentario, y luego repertorio de anotaciones, el trabajo de Clemencín, pues, solo en último término es en rigor una edición: con talante en extremo conservador —aunque del textus receptus—, da básicamente por buena la de 1819 y pocas veces se separa de ella en lecciones de algún peso (el tomo sexto se cierra con la lista completa). Amicísimo de señalar cómo debiera haber escrito Cervantes tal o cual frase, es excepcional, contra la fama, que se la corrija de hecho. Pero incluso cuando no está por medio la proprietas gramatical Clemencín abunda más en propuestas que en enmiendas aceptadas, acaso porque cuando escribe, en Fuenfría, no tiene a mano las impresiones antiguas y prefiere curarse en salud apegándose a la académica y conformándose con las variantes de las modernas, de Londres, 1738 para acá. Y hay que decir que si varias de las conjeturas que inserta en el texto son inatacables (por ejemplo, planta, no punta, en I, 26, 290), también lo son muchas que deja a pie de página (tal Macabeos, por mancebos, I, 2, 48, perfecta restitución, como en otros casos, de la princeps no vista) por excesiva timidez o por la prudencia de quien, ante la dificultad de acceder a las fuentes, se satisface con hacer «anatomía» de la edición al alcance de todos.

El medio siglo que corre de la primera edición de la Real Academia Española al comentario de Clemencín entrañó la conversión definitiva del Quijote, de mero objeto de lectura, en objeto asimismo de estudio y reflexión. La idea de que la obra tenía un valor superior al que se le había venido atribuyendo («el sentido literal es uno y el verdadero es otro», sospechaba Cadalso) y, con intuición paralela (y mirando a nuestro propósito), de que las ediciones al uso no hacían justicia al original de Cervantes se extendió incluso entre los poco letrados. Es entre patético y fascinante ver cómo la tirada madrileña de 1804 («En la imprenta de Vega»), heredera directa de las miserables ediciones de surtido, y en particular de la última (1782) de quien fue su máximo impulsor, Manuel Martín, intenta ponerse al día no solo en el formato (seis octavos) y en las estampas (tomadas de las que en 1797 ofreció la Imprenta Real), sino también, por ejemplo, superponiendo el viejo título inventado por Monmarte (Vida y hechos…), otro ecléctico en la línea de Bowle (Historia de don Quijote…) y el que ahora empieza generalmente a considerarse genuino: El ingenioso hidalgo don Quijote… Como es significativo que la copia vil, «malísima en todos conceptos» (L. Rius), que de esa tirada se hizo en 1840 («Madrid, imprenta de la Venta Pública») tenga la desfachatez de presentarse como «edición completísima conforme al original primitivo». Era el tributo del vicio a la virtud.

La percepción común de que existían ya ediciones debidamente autorizadas resolvía el problema a la mayoría de quienes se proponían publicar la novela: en principio, se trataba de escoger entre los Quijotes de Pellicer y de la Academia. En la primera mitad del Ochocientos, no faltaron impresores de excepción que se esforzaron por mejorarlos: así el refinado Antonio Bergnes de las Casas, a quien se debe (Barcelona, 1839) la recuperación en España de la frase sobre «las obras de caridad» (II, 36, 930) expurgada en 1616; o así, con diligentes colaciones (Barcelona, 1859, y reimpresiones revisadas, tras un malogrado intento de 1832-1834), el gran Tomás Gorch, un tipógrafo tan capacitado y entendido como para localizar y tomar por modelo La Celestina zaragozana de 1507, luego perdida hasta hace cuatro días, o como para comunicar a Hartzenbusch, funcionario y pronto director de la Biblioteca Nacional, la portada del Ingenioso caballero. Pero ni siquiera ellos dejaron de inclinarse por uno de los dos prototipos en cuestión. No nos interesa ahora cuántos y quiénes optaron por cada uno, ni qué factores materiales o intelectuales determinaron la elección. Porque, en resumidas cuentas, quien acabó triunfando fue don Juan Antonio, no tanto en el sentido de que sus ediciones de 1797 fueran reproducidas con mayor frecuencia, cuanto por el hecho de que la vulgata de la obra que predomina en la primera mitad del Ochocientos responde sobre todo al planteamiento de aquel.

En 1780, 1782 y 1787, la docta corporación había dado la Primera parte de acuerdo fundamentalmente con la revisión de 1605, según su criterio propio, mientras en 1819, prefiriendo la de 1608, se pasaba al terreno de Pellicer. Se equivocó la Academia, se equivocaba. El yerro estuvo en la edición de base, pero todavía más en la forma de preparar el texto, sin un cotejo íntegro y minucioso de las versiones de 1605 y 1608 (ni luego, cuando reapareció, de la princeps) y sin ir apenas más allá de verificar las variantes consignadas en 1780. Pero, como Pellicer tampoco se había distinguido por el escrúpulo de sus compulsas, el caso es que la vulgata quijotesca del Quijote de 1605 fue por mucho tiempo una mixtura mal discernida de la segunda y la tercera edición de Robles.

Información y contacto

Archivo Municipal de Consuegra
Excmo. Ayuntamiento de Consuegra (Toledo)
45700 Plaza España, 1
Tlf. 925 90 44 79
archivomuncipal@aytoconsuegra.es 

Sitio web

 


Síguenos en nuestras redes sociales:

 

 

 

0 comentarios

Dejar un comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Siéntete libre de contribuir!

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.